La Coraza y el Eco

Valeria Mendoza

Capítulo 1

La sala de terapia en la Unidad de Rehabilitación Psicológica Avanzada (URPA) era un ejercicio de calma forzada. Paredes de un gris suave que absorbían el sonido, mobiliario minimalista integrado en la propia estructura, y un único y gran ventanal que no mostraba la ciudad, sino un jardín de rocas y musgo meticulosamente cuidado. Un santuario de orden diseñado para contener el caos.

Frente a Valeria, el Expediente 9-Gamma —un hombre llamado Elías, antiguo miembro de los Hijos de la Disonancia— sonrió, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos.

—¿Sabe, doctora? —dijo con una voz raspada, producto de años gritando en el desierto—. A veces extraño la honestidad de la Disonancia. Allá fuera, el odio era puro, la fe era un arma. Te hacía sentir vivo. Aquí… —hizo un gesto que abarcaba la sala perfecta— …aquí todo es un susurro. Un orden tan perfecto, tan… femenino, que se siente como la mentira más grande de todas.

Valeria mantuvo su expresión neutra, una máscara de profesionalismo académico que había tardado años en perfeccionar. Asintió, anotando en su Pizarra Digital.

—La búsqueda de la autenticidad es una respuesta común al trauma de la desprogramación, Elías. El cerebro anhela los patrones que conoce, incluso si son destructivos. Discutiremos estos sentimientos en nuestra próxima sesión.

La sesión terminó. La puerta se cerró. Y el silencio que Elías había dejado atrás se abalanzó sobre Valeria.

El eco.

No era solo la voz de Elías lo que resonaba en su cabeza, sino la verdad afilada en sus palabras.

Un orden tan perfecto que se siente como una mentira. El aire de la sala pareció enrarecerse, volverse denso y difícil de respirar. El zumbido casi inaudible del sistema de climatización se convirtió en un rugido en sus oídos. Miró por el ventanal y el jardín de rocas, antes un símbolo de paz, ahora le pareció una maqueta sin vida, una naturaleza muerta y artificial.

Sintió un cosquilleo frío en la base de la nuca, el heraldo familiar de una espiral de pánico. Un sabor metálico, a adrenalina, inundó su boca. Su propia coraza, la que la sostenía durante el día, de repente se sintió delgada como el papel. Su visión periférica comenzó a oscurecerse mientras los pensamientos se agolpaban, un torbellino de sus propias inseguridades mezcladas con el trauma de su paciente.

Fraude. Rota. La mentira eres tú.

Su mano, casi por voluntad propia, se movió bajo la mesa. El pulgar presionó con fuerza la yema de su dedo índice. Un dolor agudo y concentrado. Un ancla. Cerró los ojos.

“Protocolo de Contención”, se dijo a sí misma, la voz de sus propios profesores resonando en su memoria.

Inhala. Uno, dos, tres, cuatro. El aire llenó sus pulmones, forzado, artificial.

Sostiene. Uno, dos, tres, cuatro. La presión en su pecho luchaba contra la orden.

Exhala. Uno, dos, tres, cuatro. El aire salió en un temblor controlado.

Sostiene. Uno, dos, tres, cuatro. El vacío. La calma forzada.

Repitió el ciclo dos, tres veces. La presión en su dedo era el único punto fijo en su universo. Lentamente, el tambor de su corazón perdió su ritmo frenético. El ruido en su cabeza no desapareció, pero retrocedió, volviendo a su lugar habitual: un zumbido de fondo en lugar de un grito ensordecedor.

Abrió los ojos. El jardín de rocas seguía ahí. Imperturbable. Consultó la hora en su Chasqui. Llegaba tarde.

Los pasillos del sector Académico eran silenciosos y de un blanco impoluto. Su andar era rápido y decidido, una contradicción con la tormenta que acababa de capear.

Entró en la sala de reuniones de su proyecto inter-grupal. Ya estaban todos allí. Lía, la Administradora, envuelta en una túnica de un azul eléctrico que parecía absorber la luz, no levantó la vista de su Pizarra, sus dedos moviéndose con una eficiencia impaciente mientras optimizaba algún cronograma. Kael, del Grupo Agricultor, estaba hundido en su asiento en una esquina, con su chaqueta de lona resistente cerrada hasta el cuello como una barrera, la mirada fija en los diseños de su propia Pizarra como si fuera un escudo.

Y Marcos.

Estaba de pie, no sentado. La postura rígida de la disciplina militar era inconfundible, incluso con su uniforme de faena de un gris impecable. Él fue el primero en notar su llegada. Sus ojos, analíticos y entrenados para ver detalles que otros pasaban por alto, se fijaron en ella. No la miró como Lía, con impaciencia social, ni como Kael, con indiferencia protectora. La escaneó.

Cuando ella tomó asiento, él habló, su voz era baja y directa, sin el más mínimo adorno.

—Mendoza. Tu pulso es visible en tu cuello y tu respiración es superficial. ¿Estás bien?

La coraza, que Valeria acababa de reconstruir con tanto esfuerzo, sufrió una fractura expuesta.

Deconstruyendo el Capítulo: La Coraza y el ECo

Lo que acabas de leer es un retrato de cómo un episodio mayor de depresión puede manifestarse incluso en una persona de alto rendimiento. Por fuera, Valeria es una profesional brillante y en control. Sin embargo, por dentro, el desgaste crónico de su Trastorno Depresivo Persistente la deja extremadamente vulnerable. Cuando una palabra la desestabiliza (“un orden tan perfecto que se siente como una mentira” ), su sistema nervioso sobrecargado detona un ataque de pánico, una “falsa alarma catastrófica”.

Para sobrevivir al momento, Valeria activa su “Protocolo de Contención”, una herramienta de emergencia que no busca razonar con el pánico, sino calmar el cuerpo. Utiliza dos técnicas clave: primero, una Ancla Física (la presión en sus dedos) para conectarse con el presente y romper el bucle mental; y segundo, la Respiración de Caja (4x4x4x4) para regular su sistema nervioso y bajar el volumen de la “alarma” interna.

respiracion en caja  x4

En la escena viste la reacción de Valeria, pero ¿quieres entender la razón profunda detrás de su pánico? En su diario personal, que forma parte del PDF descargable, Valeria analiza con una honestidad brutal la “Corrosión Interna” que la hace tan vulnerable. Descubre sus reflexiones íntimas, la guía paso a paso para crear tu propio protocolo de emergencia y los ejercicios que ella misma utiliza para reconstruir su coraza cada día.

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